Mentira

La vida cambia super rápido. El otro día me dijeron que uno no envejece por transcursos de tiempo, sino por eventos, por sucesos que nos ocurren de manera inesperada y nos dan como un golpe en el estómago. No necesariamente son malos, digo, pero se sienten como un golpe en el estómago. Esas noticias que hacen que tu vida cambie. Pero todo bien. Hay que lidiar. Coger al toro por las astas. No hay de otra.

Ayer leí un texto de Walter Benjamin que me gustó mucho. Hablaba de la mentira, sobre la manera en que la mentira degrada la palabra y el mundo. La palabra alguna vez fue creadora (dios dijo: hágase la luz, y la luz fue hecha), pero los humanos ya no tenemos un lenguaje así sino meramente referencial. Nos referimos a las cosas (podemos decir 'luz', pero no por decirlo se va a hacer). Sin embargo, no por esas limitaciones debemos evitar aspirar, aunque sea finalmente imposible, a que nuestra lengua sea lo más cercana posible a la lengua de Dios. A la lengua creadora. Y por ende, la mentira es como tergiversar, son degradar las palabras. Usar el lenguaje como vómito articulado y no como algo que finalmente pudiera ser hermoso y puro. Divino. Y en una sociedad que tira todo a la basura tarde o temprano, es un fenómeno terriblemente común. Un síntoma más de una sociedad en decadencia, de una sociedad en la que todo está destinado al relleno sanitario y a los canales de agua negra. Excepto el arte. Entonces, hay que procurar que nuestras palabras sean también arte y, por ende, que sean como el buen arte: honestas.


No sé, me puso a reflexionar. Me dieron ganas de no volver a mentir nunca más ( y es que lo he hecho ya en varias ocasiones) . Rescatar la sociedad por medio de la palabra....ay, este Walter Benjamin.

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